Ultra Trail Du Mont Blanc- Cronida de la CCC (Courmayeur, Champex, Chamonix) por Gastón Otero.

Publicado: 18 septiembre, 2017 en TRAIL RUNNING
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Hay muchas palabras que pueden pensarse a la hora de embarcarse en una carrera de montaña a más de diez mil kilómetros de casa; muchas más si se esperan tres años para lograr semejante empresa y algunas otras por hacer semejante viaje solo.

Locura, obsesión, preguntas como por qué, para que, que ganas, y si te lesionas estando solo, vale la pena tanto gasto, estás seguro.

Muchas cosas en la vida no tienen sentido o son vistas como un sin sentido desde el ojo de aquellas que no lo intentaron.

Llegar a destino podría ser la única meta de un corredor pero para mí esta carrera encerraba muchas cosas más.

La carrera empezó en mi cabeza hace poco más de tres años atrás cuando mi compañera me hizo creer que yo podría terminarla; lo consulté con Marcelo Villagra (MV Adventure Team. Entrenador y amigazo) durante el año pasado pero fue en enero de este año, que después de reunir los puntos necesarios y, posteriormente, salir sorteado cuando se empezó a materializar lo que se transformó en un sueño.

Fueron casi nueve meses de entrenamiento diario, de redoblar esfuerzos ya que esta carrera representaban 101km, 6.100 metros de desnivel positivo y misma cantidad de negativos. Llegar a la meta implicaba atravesar 18 poblados empezando en Courmayeur (Italia), pasando por Suiza y finalizando en Chamonix (Francia).

Finalmente llegó el día (viernes 01/09/2017). Salí desde Les Houches en un bus que llevaba a varios corredores hacia Courmayeur.

Se esperaba un día de lluvia pero en Courmayeur, cuando llegue a las 7:30, el sol estaba más presente que nunca aunque amenazaban nubes negras hacia dónde debíamos ir.

La CCC (Courmayeur, Champex, Chamonix) tiene un límite de 1.900 corredores (al menos en esta edición). Mi número de dorsal era la 4702 y la organización dispuso que después de los corredores de élite, la primer tanda por salir, fueran los que tuvieran hasta la 4999.

Helicóptero sobre nuestras cabezas, himno italiano, suizo y francés para después salir disparado hacia Tête La Tronche donde, en poco más de diez kilómetros, se ascienden casi 1.500 metros llegando a poco más de 2.600 msnm. Y vaya si los sentí que, a los pocos metros de haber superado este punto, mis piernas me hicieron sentir una suerte de contractura. Dije piernas porque las dos me aseguraron que así no iba a llegar lejos. Elongué y tomé lo que no tenía previsto tomar que fue un diclofenac. Volví al trote, las piernas parecieron recibir oxígeno pero internamente sabía que era provisorio. Fue por eso que decidí en este punto correr tramo a tramo pensando en que podría ser último. Decidí correrlo con esa convicción también y jugando a ganar tiempo a los tiempos de corte que tiene la carrera. Esto implicaba que si tenía que llegar a un puesto antes de las 16:30hs para no quedar descalificado y llegaba a las 12:30hs, mentalmente jugaría a sostener o incrementar esa diferencia de horas a mi favor, es decir 4 horas o más.

El sol se fue después de la Tête, el viento era constante, el cielo empezaba a amenazar y el frío ya se había hecho presente para no abandonarme hasta el final.

La alimentación y la hidratación iba de acuerdo a lo planificado y mis sensaciones mejoraban; fue así que jugando a “ganarle tiempo” a los cortes superé el primero en Arnouvaz (ante último punto en territorio italiano. Gran Col Ferret sería el último).

Los escenarios naturales no dejan de deslumbrarme como también las sorpresas al encontrar a dos toros con sus campanas al cuello dentro de un campo cercano al sendero.

Siguiendo con esa artimaña mental de los cortes fue que llegué a La Fouly (km 42) y fue también en este punto donde lo seguí haciendo para llegar hacia Champex en el km56 en algo más de diez horas.

En este punto es donde pierdo un poco más de tiempo de lo que habitualmente se invierte en un puesto. Venía bien alimentado pero acá debía reforzar con algo más contundente. Había realmente de todo, comida caliente como pasta, caldo con fideos, barras de todo tipo, yogures y postres.

Me limité a la pasta y el caldo para calentar el cuerpo, tomé un poco de té, agregué bananas disecadas en mis bolsillos, sume un abrigo más sabiendo que se vendrían temperaturas más bajas (eran las 19:30hs), me coloqué la linterna frontal y salí a adelantar todo lo posible con el tiempo de luz solar que quedaba.

Está parte de la carrera, hasta el ascenso a La Glete, se atraviesan pequeños pueblos suizos. Venía a buen ritmo, incluso pasando a varios corredores. Hay algo de camino de ruta también;

Es en estos pasajes de la carrera donde no uno sino todos los autos bajan sus velocidades, vienen con sus ventanas bajas y nos animan.

Incluso, cruzando un pequeño poblado, nos encontramos felizmente con una mama y su hijo de no más de diez años, colocados a un costado de su casa con una mesa, vasos y termos, invitándonos a tomar un café o té.

Llego a un bosque donde comienzo el ascenso a La Glete y donde cae finalmente la noche. El cansancio acumulado me juegan algunas malas pasadas.

Ya no pienso en los cortes como juego pero si empiezo a creer que puedo llegar a terminar la carrera. Me enojo conmigo mismo en este punto porque me niego a pensar en ese momento final y hago un esfuerzo mental para pensar solo en el siguiente puesto de montaña.

Los senderos son cada vez más barrosos, más indescifrables y por momentos con unos precipicios importantes a los costados. Caigo al suelo una vez y resbalo unas cuantas más. Mis zapatillas llegan a patinar incontables veces pero los bastones consiguen hacer su trabajo y evito caídas que podrían haber sido graves.

En La Glete habían varios corredores visiblemente muy desanimados, claramente agotados. Tomaban y se mantenían sentados sobre unos bancos de madera en lo que era una casa típica de montaña.

Recargue agua, tome un caldo caliente y decidí irme enseguida hacia Trient, último puesto en terreno suizo.

La idea en este tramo fue llegar a Trient manteniendo una distancia con los cortes de al menos cuatro horas.

Fue una inyección anímica importante el llegar a Trient y haber cumplido con ese objetivo. Ya, en este punto, encontré a muchos corredores que estaban felices, no solo porque sentían que podían lograr terminar la carrera sino porque era el segundo (sobre tres) puesto de control donde podían recibir asistencia de amigos y familiares.

Mantenía la concentración y me fui rápido del puesto porque quería llegar a Vallorcine ampliando la brecha de tiempo de corte pero ya no cómo un juego sino porque sabía que el cansancio o cualquier otra cosa podrían pasar y el tiempo era vital en este punto de la carrera.

Llegué a Vallorcine (km 83) antes de lo que imaginé, estaba muy contento pero el cansancio ya estaba pesando.

La organización minutos antes de la carrera había dado aviso que, en este punto, por cuestiones puramente meteorológicas, no se pasaría por Tête aux Vents pero tenían plan b para mantener distancia y desnivel acumulado hasta llegar a La Flegere.

Les decía que el cansancio venía acumulado y lo asocie (en este punto me da una mezcla de vergüenza y risa) al ver figuras humanas o animales a los costados de los caminos cuando, obviamente al pasar lo que había era la nada misma o algún simple tronco de un árbol.

Me preguntaba cuánto faltaría para llegar a La Flegere y lo entendí cuando vi que estaba subiendo de forma paralela a una aerosilla y recién iba a la par de la primera de ellas en la parte más baja.

Ya no llovia, hacia frío pero no lo sentía como horas atrás y ya el cielo clareaba.

Así llegue a La Flegere, me tome un caldo rápido, guarde la campera y sali a hacer los 8km de bajada finales que me separaban de Chamonix.

Ni bien comencé la bajada, la pierna izquierda me molestaba mucho. Los primeros tres kilómetros fue un trote muy lento donde me pasaron muchos corredores envalentonados.

Decidí probar la bajada zigzagueando algo lateralmente y dio resultado. Pude sostener el trote, empecé a entrar en Chamonix y me decía mira a donde estás llegando, miraaa!

Quería llorar. Estaba emocionado pero quería guardar una fotografía mental de cada paso que estaba dando, mucha gente me aplaudía, otra vez ese dulce ruido de las campanas, hombres y mujeres gritando para que no afloje, chicos chocando sus manos con las mías, se acercaba la última curva previa al arco.

Imaginen una ciudad que vive plenamente y siente las carreras y mima a los corredores todo el día. Bueno, eso es Chamonix.

Pensé en todo lo bueno que tiene la vida. En lo importante que fue mi compañera me diera ese empujón para encarar la carrera algún día.

Y fue ahí que vi el arco, se me puso la piel de gallina, pegué el grito más grande que salió de mi garganta y la emoción fue total.

Fueron 23h 02′ 08″ para ponerle un broche de oro al sueño que comenzó hace más de tres años.

Intenten. Insistan.

“MV Adventure Team”

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