70 KM PATAGONIA RUN 2017 por Edgardo Barbieri.

Publicado: 5 mayo, 2017 en TRAIL RUNNING

Había pensado correr esta distancia desde la charla técnica de la edición pasada, cuando corrí  42 kilómetros. Había hecho un solo ultra trail. Había corrido hasta 50 kilómetros en UTACCH y estos 70 me atraían bastante.

Llegué a San Martín de los Andes el miércoles 5 por la noche y me alojé en una cabaña.

El día jueves, por la mañana fui a retirar el kit y  la remera de la carrera. Por la tarde, salí a trotar un rato por la costanera del lago Lacar bajo un cielo gris y lluvioso.

El día viernes al mediodía, fui a la charla técnica. Luego, almorcé y terminé de analizar el recorrido y decidí cómo iba a correr. También decidí no llevar ropa de recambio al puesto de asistencia.

A las 18 horas fui a la plaza a acompañar la largada de los 145 y 125k y volví a la cabaña para cenar y dormir un rato. Tenía planeado despertarme a las 0:30.

Me levante y comencé a prepararme.  Había decido correr con pantalones cortos, medias de compresión, una remera térmica manga larga, la remera de la carrera y sobre eso un cortavientos con capucha, repelente al agua. Además llevaba guantes, un buff, un par de anteojos, polainas, zapas de trail Saucony Xodus GTX y una linterna frontal. No llevaba bastones. En la mochila llevaba un kit de primeros auxilios, una manta térmica, dos bidones de agua de 0.5 litros, varios geles, teléfono y cámara de video.

Cerca  de la 1:30 me fui a la oficina de la carrera  y desde allí la organización nos trasladó al  Regimiento de Caballería de Montaña 4, lugar de la largada. Este año no ingresamos al regimiento, sino a una carpa allí instalada.

Desayuné, cargué los bidones con agua, comencé  a calentar y me ubiqué  esperando la largada.

Cuenta regresiva 5, 4, 3, 2, 1. Salgo siguiendo a los corredores de adelante. El paso era lento, sólo se veía lo que alumbraban las linternas. El cielo estaba bastante cubierto y la noche era fría.

Sin darme cuenta, empecé a subir. Luego de 1 hora y unos 20 minutos, llegué al primer puesto de asistencia. Necesitaba algo dulce. Comí gomitas, pasas de uva, tome un vaso de Coca Cola y seguí la marcha.

En algunos tramos quedaba solo por los senderos y me guiaba viendo la marcación reflectante del recorrido, hasta que alcanzaba a un grupo de corredores más adelante.

La subida continuaba un poco más. Alrededor de una hora después, apareció un leve descenso y enseguida, el segundo puesto de asistencia. Otro vaso de cola, gomitas, algunas papas fritas y seguí.

Comencé  una de las subidas más empinadas hacia la cumbre del cerro Colorado. Ni bien pude ver una caña larga, la llevé a modo de bastón durante casi toda la carrera.

Por momentos, la espesura del bosque dejaba ver el cielo y de frente se veía la luna, que cada tanto se cubría con nubes espesas. Luego el cielo se cubrió por completo.

Cerca de la cumbre el viento soplaba con fuerza. Había empezado a caer nieve. Iba subiendo sobre tierra suelta, que se iba mojando lentamente.

Casi en la cumbre, habiendo pasado unas 3 horas y media de carrera, sentía frío en las manos. Para mí fue el peor momento de la carrera, porque no llevaba buzo polar, ni siquiera en la mochila. Los guantes me abrigaban, pero no eran suficientes. Miraba mis brazos y mis manos y sobre el cortaviento y los guantes, tenían copos blancos de la nieve que caía. Metía las manos en los bolsillos de a una a la vez para calentarlas y así subí.

En esos momentos todos caminábamos  hacia la cumbre, nadie hablaba, sólo se escuchaba el viento y nuestros pasos. Las hojas de los árboles estaban cubiertas de una fina capa de nieve y el suelo ya comenzaba a blanquear al costado del camino.

En la cumbre la nevada era espesa. Pasaron los kilómetros y comenzó un abrupto descenso.  A medida que iba descendiendo y yendo hacia el bosque, la nevada se tornó en llovizna. Mi linterna ya no alumbraba con toda la potencia, pero afortunadamente, ya había comenzado a amanecer y podía seguir sin problemas. Ya no tenía frío y podía correr bastante cómodo.

Llegué al PAS Colorado, aproveché para ir al baño y después para reponer energías. Desde aquí en adelante, en todos los puestos, tomé mucho café y además, comía gomitas, pasas y facturas con membrillo.

Del PAS Colorado al PAS Quilanlahue 1, la carrera transcurrió tranquilamente, por sendas con algo de barro. Hubo que cruzar algún que otro arroyo, pero sin mayores dificultades.

Luego la senda, dio lugar a una calle que tenía una de las vistas más bellas del recorrido. Se veía una extensa llanura con las montañas nevadas de fondo.

Legó el momento de ascender al Quilanlahue. La subida fue muy lenta. La ladera era muy empinada. Subía por tierra suelta y con muchas piedras. En dos o tres oportunidades, el ascenso nos dio un respiro y podíamos hacer un trecho sin demasiada pendiente. Pero cuando volvíamos a subir, el ascenso era más duro.

Durante el ascenso, hubo momentos de sol, donde se podía ver hacia abajo. Pero después todo se cubrió de nubes y sólo se podía ver la cumbre, blanca por la nevada. No se veía a los costados ni hacia abajo.

Llegar a la cumbre fue extraordinario. A pesar de que faltaba el descenso y bastante recorrido, en mi mente lo más difícil ya había pasado. Algunos corredores nos quedamos un instante haciendo fotos y contemplando el paisaje. Desde la cumbre, podía ver el lago Lacar.

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Luego comenzó  el descenso por el bosque. El suelo del bosque cerca de la cumbre también estaba nevado y las vistas eran impresionantes.

El descenso fue rápido y de repente estaba en el PAS Coihue reponiendo energías. Luego el descenso continuó hasta llegar  a una llanura.

Posteriormente,  el camino subía y se volvía al bosque.  Después de bajar una vez más, llegamos a un galpón donde estaba el PAS Quilanlahue 2. Allí recargué los bidones con agua, aproveché para tomar más café, comer algo y seguir.

Volver a PAS Colorado, fue casi como a la ida. Iban unas 11 horas y algo más de carrera y el cansancio ya se hacía sentir en mis pies. Mis piernas estaban bien.

En el PAS Colorado, aproveché para reponer energías, con café, facturas con membrillo, gomitas y pasas de uva. Luego salí hacia Pas Bayos. El trayecto fue tranquilo, iba bastante relajado, trotando y caminando cada vez más.

Desde PAS Bayos, mis pies, más que nada mis talones y mis tobillos estaban agotados, sólo querían caminar. En ese momento vinieron a mi mente las palabras del manifiesto del Skyrunner: “El dolor no existe, está en tu cabeza, contrólalo, destrúyelo, elimínalo, y sigue”. El recordar esa frase fue suficiente para darme el empuje que necesitaba. Y luego, al pasar por el medio del último de los arroyos, el agua helada calmó bastante mis dolores.

Seguí trotando de a poco hasta salir del bosque, hacia una calle que bordea al Lacar. Al ver el cartel de “Meta a 4 Kms” y  escuchar la música de la meta, me olvidé por completo del dolor.

Tan pronto como vi la bajada que llevaba al centro, empecé a apurar la marcha. Bajando por piedras y raíces hasta que llegué al asfalto. En el camino, la gente que iba pasando me iba alentando y me daba más fuerza para terminar.

En el asfalto, ya podía correr sin problemas, crucé el puentecito, di vuelta por la costanera del lago hacia el centro, por calle San Martín. Minutos después cruzaba la meta.

Me fui caminando despacio hacia la cabaña, pensando en todo lo que había vivido y cómo iba a celebrar. Pero me di cuenta de que una vez que llegara a bañarme y quedarme quieto, no iba a querer hacer nada más. Desistí de hacer planes.

Y sin querer me encontré celebrando de la mejor manera. Los dueños de la cabaña me invitaron a cenar y en la cena me encontré con el ganador de los 70k, Maxi López y su familia.

PR0

Mi historia en el trail es muy reciente y situaciones como las que pasé en esta carrera, como la de correr de noche, con nieve y temperaturas bajo cero, no las había vivido. Siempre me preguntaba cómo iba a responder mi cuerpo y mi mente en esas circunstancias y la carrera despejó todas mis dudas y mis miedos.

Volveré el año próximo por una nueva distancia.

“MV Adventure Team”

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