EL CRUCE COLUMBIA 2016. LAGOS DE LA PATAGONIA POR Diego Tarkowski

Publicado: 15 febrero, 2016 en TRAIL RUNNING

El Cruce Columbia. Lagos de la Patagonia.

Febrero de 2016

Supe que iba a correr el Cruce desde que conocí la carrera. Fue hace dos años, cuando leí las crónicas de Santiago García relatando sus experiencias a través de más de cinco años de asistencia perfecta.

Hasta Abril del año pasado [2015], no tenía entrenador. Además de correr solo, establecía los entrenamientos adaptando planes publicados en revistas especializadas. Así corrí dos maratones y varias carreras de 10K. Pero cuando sentí que era el momento de correr el Cruce Columbia, sabía que no podía hacerlo solo. El running team MV Adventure Team de Marcelo Villagra, fue el justo apoyo. Con él comenzamos a correr esta carrera.

Para corredores como yo, el Cruce se convierte en el objetivo principal del año y todo lo demás se organizará en torno a él. Inclusive la selección de segundas carreras que se utilizarán como entrenamiento, puesta a punto, prueba de indumentaria, alimentación, hidratación, etc. Conociendo a la Pachamama en Octubre (una sky ultra que se merece su relato) fue, por ejemplo, mi primer ultra. Correr (o caminar) más de 55K en alturas entre los 2.300 y 3.900 msm, fue una prueba exigente para lo que iba a venir…

Por su ubicación en el calendario, el Cruce obliga a llevar adelante el pico de entreno bajo los días más calurosos y húmedos de Tucumán. Diciembre se caracterizó por temperaturas muy altas. Un esfuerzo y sacrificio que ayudaba no sólo al entrenamiento físico, sino también a la voluntad y al carácter. Las sendas de Puerta del Cielo y Cuesta Vieja se repetían cada fin de semana.

Llegué a San Martín de los Andes el mediodía del Miércoles 10 de Febrero, un día y medio antes de la largada. Esta edición tuvo la particularidad que por primera vez, habría tres carreras en una. Las tres grandes categorías que corrían (Avanzado, Team y Amateur) saldrían con un día de diferencia recorriendo las tres etapas en forma escalonada. Así, por cinco días, el Parque Nacional Lanín vería desfilar casi tres mil corredores de más de treinta y cinco nacionalidades diferentes.

Luego de instalarme en el departamento que haría de base de operaciones, la acreditación me esperaba. Las siete cuadras que me separaban al hasta la sede del evento dejaban ver una ciudad tomada por runners. Visitantes con las credenciales, los bolsos marineros y remeras del Cruce lo invadían todo: veredas, restaurantes, negocios… La acreditación fue rápida y organizada (como lo sería toda la carrera). Ya tenía mi credencial! Con ella teníamos que ir hasta una escuela donde recorríamos a modo de postas, diferentes puestos para recibir desde el chip y número de corredor, hasta barras de cereal y protector solar, pasando por el bolso personalizado, remera térmica, la remera de la carrera, medias y muchas cosas más. Realmente todos salíamos felices con nuestros bolsos cargados al hombro y llenos de ganas de empezar a correr!

El día Jueves fue para pasear por la ciudad. Conocer sus orígenes, su historia, visitar el Museo del Parque Nacional, la playa y saborear sus chocolates. A la tardecita y luego de despechar el bolso que nos esperaría en el primer campamento, en un escenario instalado de espaldas al lago, con un sol que iba ocultándose despacio detrás de las montañas, escuchamos la charla técnica del Director del Club de Corredores, Sebastián Tagle.

Todo aquel que haya escuchado una charla de Tagle sabe que no se caracterizan por derrochar optimismo. Esta no fue la excepción. Comenzó preguntando quiénes corríamos por primera vez el Cruce. Casi todos los que estábamos allí eufóricos y con una ansiedad que crecía minuto a minuto levantamos la mano. Por algo la categoría se llamaba Amateur! Él comenzó a reírse y nos dijo: “Veremos cuántos pueden terminarla. Será el Cruce más duro. Por la maratónica primera etapa, además que las otras no les darán tiempo a recuperarse. La primera etapa es dura. La segunda también será dura y la tercera… Bueno, la tercera será durísima.” Fin de la discusión. A eso habíamos venido, para eso nos habíamos preparado. Porque primero hay que sufrir, para después disfrutar.

Viernes 12 – 5:30 Generalmente me pasa que cuando sé que debo hacer algo muy importante al día siguiente, no necesito una alarma para despertarme. Ésta vez no fue la excepción, diez minutos antes de las 5:30 ya estaba en mi cama despierto repasando por enésima vez los elementos de mi mochila. Desayuno obligado y caminata hasta el muelle para la largada. Por azar, mi orden de largada era en el grupo 4, por lo que saldría a las 8:00 de la mañana.

Para ello, a las 7:00 debería estar en el muelle para el chequeo de la mochila (fue la única vez que revisaron los elementos obligatorios y la prohibición de envases y envoltorios) y listos para subir a los micros que nos trasladarían hasta Quila Quina, lugar de la largada.

Una larga fila de corredores se iba armando detrás del arco de largada y con intervalos de quince segundos, de a cinco nos largábamos a la aventura. 3, 2, 1… A correr! Y allí comenzó mi Cruce, saliendo entre banderas de México, Brasil y España.

El primer día de carrera fue por senderos que se internaban en el bosque y se acercaban o alejaban de la costa del lago Lácar a lo largo de los kilómetros. Los primeros kilómetros todo era euforia, gritos de alegría y aliento. El silencio se fue apoderando despacio de la carrera y lo cubrió todo. Así fuimos dejando atrás al Cerro Bico, el Lago Escondido, Pampa de Jaramillo para cruzar Ruca Ñire y el puesto de Guardaparques. Toda esta maravillosa senda es parte de la Huella Andina Patagónica (etapas 17 a 19), un camino que une tres provincias. La senda tiene suaves desniveles que invitan a correr en forma continua. Sólo una parada para comer algo y una segunda parada en el oasis de la organización (una carpa que ofrecía justos reforzadores: una lata de gaseosa, papas fritas y dulces) alcanzaron para la reposición de energías.

El final del Lago Lácar deja paso a las aguas del Lago Nonthué donde luego de cruzar el río Hua Hum ingresábamos al Paso Internacional que nos llevaba a Chile. El Cruce se llama así porque une los países de Argentina y Chile. Este año la carrera estaba diseñada para hacer ese cruce el primer día. Para muchos fue insignificante o incluso absurdo ese paso por las aduanas y puestos fronterizos para volver inmediatamente por el mismo camino. Para mí no, vine a hacer el Cruce para cruzar a Chile y no quería volver sin tener en el pasaporte el sello que así lo afirmara. Al llegar al paso muchos dejaban sus mochilas en territorio argentino para evitar la revisión en la aduana (aún sólo por pasar por el edificio, la policía chilena revisaba cada una de las mochilas y secuestraba frutas, barras de cereal, etc.). El trámite fue rápido e incluso el puesto chileno se transformó en un puesto de abastecimiento porque empleados aduaneros ofrecían agua y café. Salíamos de la aduana y regresábamos por la misma ruta, volviendo a ingresar a Argentina donde nos esperaba el primer arco de llegada.

La primera etapa estaba cumplida. Fueron exactamente 42 kilómetros después de 5 horas y 55 minutos. Una verdadera maratón de montaña… Y era sólo la primera etapa.

Viernes 12 – 13:30 horas. La llegada al campamento fue impactante. Siempre me llamó la atención las fotos de los campamentos del Cruce, pero ver las interminables filas de carpas azules generaba asombro y alegría. Había empezado a llover. Luego de retirar el bolso y encontrar la carpa asignada, comenzaba la etapa de recuperación. Para ello, volví al río a sumergir las piernas en las heladas aguas del río Hua Hum (algunos más valientes se animaban a la inmersión total). El campamento se iba convirtiendo en una verdadera Torre de Babel y la enorme carpa de circo-comedor era la prueba. Saludos, festejos por la llegada y reencuentros se iban repitiendo en diferentes idiomas a lo largo de esas horas. El comedor funciona de corrido y los voluntarios son un ejemplo de atención y preocupación por el corredor. Mi bandeja ya estaba completa con un buen plato de pastas, una porción de carne asada que sabía perfecta y mucha fruta! Después de comer se intensificó la lluvia y la temperatura comenzó a bajar. La siesta se llevaría la tarde.

Viernes 12 – 18:00 horas. Desperté con la llegada de mi compañero de carpa. Con él me enteré que habían cortado el último tramo de la carrera por la lluvia y muchos de los corredores no habían podido completar el cruce a Chile. Las charlas en la carpa-comedor se referían a la longitud de la etapa y el clima. No tenía ninguna intención de mejorar y hacernos la carrera más fácil. Luego de la cena se publicaron los resultados y para mi sorpresa estaba dentro de los primeros 120 corredores. Al día siguientes entonces, largaría en el primer horario. La organización presentó un vídeo de la primera etapa y escuchamos la charla técnica para el día siguiente. A pesar de la ansiedad y la siesta, el sueño no tardó en llegar y la lluvia acompañó durante toda la noche.

Sábado 13 – 6:00 horas. Una de mis mayores preocupaciones era cómo iba a levantarme al día siguiente de la primera etapa. Mi sorpresa fue grande al ver que me sentía muy bien, estaba entero, no había molestias ni dolores. Estaba listo para iniciar la segunda aventura. Rearmar el bolso (fue muy acertado el enorme tamaño del bolso que permitía guardar todo sin necesidad de acomodar mucho las cosas) y realizar el check out del primer campamento para partir. Durante el desayuno, nos informan que la largada será demorada una hora por el clima. Nubes negras amenazaban desde atrás de las montañas. Al final, largamos a las 9 de la mañana comenzando un coasting por los lagos que obligó en varias oportunidades sumergirnos casi hasta la cintura. No habíamos entrado en calor aún cuando ya estábamos empapados!

La senda se fue poco a poco alejándose del lago y comenzó a subir, alternando bosques de lengas, centenarias araucarias y cipreses con valles extensos de flores amancay que teñían el suelo de amarillo. A medida que ascendíamos suavemente el paisaje iba cambiando y el suelo ya nos enseñaba sus pastizales y rocas.

Completados casi 29 kilómetros (en 4 horas y 5 minutos), el arco de llegada y los aplausos se empezaban a ver y escuchar y anunciaban que la segunda etapa estaba concluida.

Sábado 13 – 13:00 horas. El segundo campamento estuvo asentado en el área del puesto de Gendarmería Nacional en el Cerro Quilanlahue (1.673 msm). El viento y el frío se hacía sentir y además de agua o bebidas isotónicas, los voluntarios nos esperaban con un café bien caliente. La rutina del campamento se volvió a repetir: retirar el bolso, buscar la carpa, cambiarse, estirar (mucho), colgar la ropa, cargar el reloj, almorzar y dormir. La sorpresa la tuve al retirar la bandeja para el almuerzo. El mantel era el recorrido y la altimetría que haríamos al día siguiente! Qué detalle de la organización, aunque no daba tiempo a celebrar la llegada del segundo día y nos ponía en la cabeza la tercer etapa. La más difícil. El viento fue el protagonista del resto del día y toda la noche. Los organizadores hablaban de un clima adverso y difícil para completar la carrera. La montaña nos desafiaba.

Domingo 13 – 7:00 horas. Amanecí el Domingo con muchas ganas de llegar. Hacía mucho frío y tenía todo el abrigo posible (usé prácticamente toda la ropa que llevé). La última etapa sería prácticamente toda de montaña. Nada más después de la largada, comenzamos un ascenso hacia el Cerro Colorado (1.778 msm). Después de un lento ascenso vertical a través de una pedrera transitamos más de 5 kilómetros de filo montañoso disfrutando de vistas únicas y paisajes hermosos. El filo no tenía de ancho más de treinta metros y con paredes verticales dejaba a la vista de los valles de los Lago Lácar (a la izquierda) y del Lago Lolog (a la derecha) con la cordillera de fondo. El viento a esta altura era el único compañero. Kurrüf Taiël llaman los mapuches al canto sagrado del viento. Y de ese canto surge la música. Y esa música era la que nos guiaba en ese tramo de la carrera.

Después de hacer cumbre, no sin antes agregar una piedra en la apacheta que coronaba el pico pidiendo y agradeciendo la protección de la Pachamama, comenzó un acelerado y vertiginoso descenso que culminaría prácticamente en la ciudad de San Martín de los Andes. Comenzamos a correr nuevamente en bosques interminables de lengas y amancay y un suave piso de ceniza volcánica (para la próxima carrera tendré en cuenta de llevar polainas). A medida que descendía iba quitándome prendas y la velocidad aumentaba. Recordé las palabras de Sebastián Tagle en su primera charla: “guarden piernas para el último día, sino en la bajada los van a pasar como postes”. Ese pensamiento me dio una inyección de energía y aceleré… Demasiado quizás. La rodilla derecha sintió el esfuerzo y un dolor cada vez más agudo se presentaba en cada pisada. Faltaban 15 kilómetros y tenía que bajar el ritmo.

Bajar el ritmo si, pero la alegría no. Después de cruzar los territorios de las comunidades mapuches llegamos al Mirador Bandurrias donde se nos presentaba una vista aérea de la ciudad y, en el muelle, la meta. Ya veíamos las banderas, el arco final, la gente que recibía a los corredores. Serían 29 kilómetros en casi 5 horas y media para completar el Cruce Columbia 2016.

Del último kilómetro casi no recuerdo nada. Después de más de 100 kilómetros correr 500 metros en la arena me pareció una tortura, pero los aplausos y gritos de la gente me elevaban. Aceleré el paso y pensé en todos los meses de preparación, en cada uno de los entrenamientos. Pensé en todos los que me habían ayudado y cruzarían conmigo esa meta. En mi familia que había compartido y soportado este sueño (resignando, entre otras cosas, muchos desayunos los fines de semana) y ahora estaba antena al streaming de la llegada por internet, en mi entrenador que supo acompañarme de menor a mayor para alcanzar el éxito, en mi mamá que tuvo la fantástica idea de acompañarme y compartir esta aventura conmigo transformando el viaje en un recuerdo inolvidable y en todos los que aún no corren y no saben lo que se pierden!

Llegué! Correr en la calle me conecta conmigo mismo, correr en la montaña me conecta con la Naturaleza. Y la vida fluye. Fluye libre. Te sientes parte de algo.

@itarko

“MV Adventure Team”

http://mvteam.com.ar/

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